Cuando me adapté a la luz natural de la mañana y al aviso de unos pájaros que reposaban en una rama, lo primero que vi fue el apacible rostro de Joe. Podría haber sido mi despertador, mi ventana, o incluso mi techo. Pero fue él. Las facciones ya no las tenía tensas como de costumbre. Su respiración iba acompasada con sus latidos. Descansaba boca arriba. Tenía un aspecto general más sano, pero debía seguir estabilizándose.
Fui a la cocina en busca del desayuno, pero sólo quedaban dos manzanas estropeadas. Las tiré a la basura, con el estómago exigente. De repente, la aparición de Joe me sobresaltó, esperando ser lo último que se cruzara en mi camino.
-Hola.
-Buenos días, no te había oído...
-¿Hay café?
-Lo siento- negué.
-No importa- se cruzó de hombros sacando un poco de pecho- de todas formas, he de irme.
-Pero, ¿ya? Ni siquiera puedes ir del todo erguido.
-Tengo asuntos pendientes.
-¿A las nueve y media de la mañana? Me estás evitando.
Su rostro se ensombreció, provocando la afirmación de los hechos.
-Que te vaya bien- me dio la espalda, casi con desprecio.
-¿Pero qué te has creído?- dije, incrédula- Qué rápido has vuelto a ser tú mismo.
-¿Y qué esperabas?- gruñó.
-Pues... -medité, con un nudo en la garganta.
En ese preciso momento, agachó lentamente su rostro para ponerse a mi altura, lo acercó poco a poco al mío, provocando que nuestras frentes chocaran con suavidad, y me besó con ternura. Sus cálidos labios ruborizaron los míos, haciéndolos temblar ante la intensidad que envolvían los suyos. Parpadeé perpleja, pero cerré los ojos e intenté dejarme llevar. Nos separamos un centímetro y pude notar que su aliento se había trasladado a mi oído, formando pequeñas bocanadas de aire y provocándome agradables cosquillas. Alargué la mano hacia aquel rostro que tantas veces había temido, para acariciarlo. Pareció dudar, como si le desagradara, pero no se apartó. Nuestros labios volvieron a unirse, con algo más de intensidad y dejé escapar un gemido urgente. Sus manos descendieron hasta mi cintura, rodeándola para acercar mi cuerpo contra el suyo, y así fundirlos. Apoyé mi cabeza en su hombro, y él aprovechó para presionar mi fino cuello y dejarme una marca rosácea. Suspiré en alto, sin poder evitarlo, cuando sentí sus manos, lentas pero insistentes, metiéndose en los bolsillos traseros de mi pantalón. Me puse de puntillas y le mordí el labio inferior. Nos besamos una última vez, para seguir conociéndonos, explorándonos, familiarizándonos, y grabándonos en nuestra memoria. Pero entonces, se apartó bruscamente y sin previo aviso.
-Lo último que esperaba era darte esperanzas. Te he dado este regalo, úsalo bien, porque no volverás a experimentarlo. Y ahora, te he dicho que no puedo entretenerme más.
Dio marcha atrás y cerró la puerta tan fuerte que su estructura de madera tembló. No pude mover ni un sólo músculo, únicamente podía pestañear fuerte para no dejar escapar mis lágrimas rotas. Me acurruqué contra el sofá, haciéndome un ovillo. Joe había sido el propietario de mi primer beso, me lo había robado, y ajeno al dato, me trataba como a una de sus conquistas instantáneas.
-Valiente hijo de puta- siseé en voz alta.
Alargué el brazo hacia el mando a distancia. Estaban echando ''Titanic''. Chasqueé la lengua y empecé a buscar otros canales aleatoriamente sin ningún entusiasmo.
-¿Se puede?- sonó una tímida Emily tocando con los nudillos.
-No es un buen momento- me soné con un pañuelo- márchate.
-No seas así, quiero ayudarte.
-Si insistes- suspiré, quitando el pestillo que estaba echado.
Se sentó a una distancia prudencial.
-¿Se trata de un chico?
-¿Tanto se nota?
-Un poco- admitió- aunque también estoy siempre pensando en ellos.
Sonreí débilmente a pesar de todo.
-Le conocí antes de empezar la Universidad- arrugué la frente al comprender cuánto dolía volver atrás- siempre está cometiendo estupideces graves, y en vez de dejar que se apañe con lo que se busca...
-Le salvas a él...- completó Emily.
-No sé qué debería hacer- confesé.
-¿Vino anoche, verdad? Las... las medicinas eran para el, ¿no?
Demasiado perspicaz.
-Sí.
-Tienes que encontrarle, sea cual sea el resultado, no puedes quedarte con lo que tienes dentro.
-Me siento vulnerable contra sus duras críticas, pero gracias- abracé torpemente a Emily, avergonzada- me has reconfortado... o al menos, es una forma de acercarse a la descripción.
Continuará...
No hay comentarios:
Publicar un comentario