-Puedo hacerlo, puedo hacerlo...
De repente, me choqué de frente con una chica que acababa de salir del portal al que me disponía a entrar.
-Lo siento.
-Ah, es igual. Prisas, uno de los encantos de esta isla.
Sonreí timidamente.
-Ajá, ¿cuál es tu piso?- añadió.
-Pues...-respondí ceñuda- el quinto. Y... la puerta diez.
-Espero que estés cómoda.
-Gracias.
Tomé el ascensor y esperé, mirando al techo distraídamente.
La entrada era un poco fría por lo vacía que había estado almacenada. Sin embargo, el comedor era amplio y cálido. Las lámparas eran luminosas. Los muebles eran de una gama de marrón claro. Con todo, el suelo era de parquet. Curiosamente me sentí satisfecha. Ladeé otro pasillo donde descansaba una bonita cocina con vitrocerámica. A continuación, encendí un poco a ciegas el interruptor de lo que era el cuarto de baño. Las paredes eran de un azul océano, y la pila y la bañera de un brillante y reluciente color blanco. Titubeé, sólo quedaba mi habitación. Las paredes eran violetas, la cama era de matrimonio y habían suficientes estanterías. Prueba superada. Solté un bostezo involuntario y cedí a no resistirme, ya pondría el apartamento a mi gusto más adelante. Saqué sábanas, mantas y cubres de un armario defectuoso, me acurruqué de lado hecha un ovillo y apagué la vieja lámpara de una mesita de noche. Atraje una de las sábanas y la inspiré para olerla, con curiosidad. Pero no olía al detergente que utilizaba mi madre, y anhelé aquel detalle.
Sábado, día festivo. El clacson de los coches fue mi irritante despertador particular. Con todo, las vistas exteriores desde mi ventana eran malas e indecentes. Algún defecto debía tener. Arrastré los pies perezosamente hacia la nevera de la cocina y comprobé que los antiguos estudiantes se habían dejado un paquete usado de pan Bimbo y algo de mermelada. Miré las fechas de ambas, no estaban caducadas. Sentí ganas de salir a dar un paseo. De la maleta todavía sin deshacer, saqué unos pantalones negros, una camiseta básica de color blanco y una camisa vaquera que me dejé abierta. Estaba tan impaciente de conocer Central Park de frente a frente, que iba dando pequeños saltos. Saqué el móvil del bolso para encenderlo, pero estaba sin batería. En ese preciso instante, los acontecimientos se dispararon. Un ruido irritante y fuerte se aproximaba temerario por la avenida. Alcé la vista, era un coche. Me tapé instintivamente el rostro con las manos, pues el cuerpo lo tenía bloqueado ante impresión de su cercanía. Lo tenía encima. El semáforo jugaba a mi favor, no al de él. Sin embargo sentí que algo me aplastaba el pie, pasando por encima de él. Grité escalofriantemente. Mi cuerpo no se libró de la rueda, sino que cayó chocando contra el suelo, y pude notar que el brazo también estaba experimentando esa sensación de aplastamiento. Se me saltaron las lágrimas de la tortura. El motor ronroneó hasta finalmente silenciarse poco a poco. Una puerta se cerró violentamente. Alguien salió del coche.
-¡Por el amor de Dios! ¡Ayuda!
Le observé con la mirada perdida ante el shock. Pero pese a eso, fui consciente de su apariencia. Su pelo estaba rapado, y sin embargo se podía apreciar que el color de su pelo era castaño. Dos pequeñas dilataciones de color negro colgaban de los lóbulos de sus orejas. Sus brazos, aparentemente fuertes y firmes, iban acompañados de figuras tatuadas. Parecía alto. Su nariz era algo grande, y sus labios muy finos. Pero había algo extraño en sus ojos, en aquellos imposiblemente negros. Estaban cargados de algo. De furia, de miedo, de desesperación... todos sus sentimientos eran muy intensos, en el mal sentido de la palabra. Intimidaban, intimidaban hasta tal punto que pese a que el causante del accidente fue él y yo no hice nada malo, me sentí culpable.
-¿Cómo te llamas, chica? ¿Cómo te llamas?
Recordé las circunstancias en las que murió mi padre, casi exactamente igual. Y note que las pequeñas cosas se me estaban haciendo grandes, demasiado grandes. Me agobiaban y no me permitían respirar.
-Papá...-dije antes de desmayarse en los brazos del que había estado a punto de ser mi asesino.
Continuará...
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