jueves, 8 de marzo de 2012

Capítulo 5.

Un impertinente timbre me alteró a la mañana siguiente. Gemí molesta y alargué el brazo a ciegas para apagar el despertador. Volví a hundir la cabeza en la almohada, pero entonces, di un brinco. Había vuelto a sonar. Bufé, muy cabreada. No había sido el del despertador, sino el de la puerta. Me rasqué la cabeza perezosamente y fui hacia la entrada. Me asomé por la mirilla, era una chica. Concretamente, con la que me encontré el día de mi llegada.


-¿Sí?
-¡Pero bueno! ¡Todavía estás en pijama! ¡Vamos a llegar tarde!
-¿Vamos?
-Me estoy ofreciendo voluntaria para acompañarte a la facultad- puso los ojos en blanco.
-Es... es todo un detalle- dije, sin haber caído en la cuenta. No esperaba que nadie fuera a ser amable conmigo.

Metí un par libros acompañados de un estuche y un carpesano en una pequeña mochila de color marrón y cuero. Me lavé la cara casi violentamente, me peiné desesperadamente, me maquillé con algo básico y me vestí con urgencia. Fui a la cocina y bebí a morro de un cartón de zumo de naranja. Jadeando, me uní a mi vecina.

La facultad estaba dividida en enormes edificios y bloques de color ladrillo. El césped era verde, muy verde. Y estaba recién cortado. Me mordí el labio, nerviosa.


-Todavía no me has dicho cómo te llamas- dejé caer.
-Emily, ¿y tú?
-Nuka.
-Extraño nombre.


Mientras íbamos adentrándonos, sentí que la escena se iba convirtiendo cada vez más caótica. Taquillas por todas partes, alumnos corriendo por los pasillos, un altavoz anunciando con el tono demasiado alto.

Entre tímidamente a la clase, sin separarme mucho de mi compañera. A lo lejos habían dos asientos libres. Mientras sacaba las cosas con lentitud, un profesor se presentó y a continuación nos dio una pequeña introducción sobre los valores de la facultad, lo que se esperaba de nosotros, y nuestra obligación moral de ofrecerle algo a la sociedad. Mientras las aburridas palabras salían de sus labios, pensé en mi elección de querer estudiar Filología Hispánica. El resto de la clase seguí ausente, muy ausente. Como si no fuera yo misma. Emily lo notó y me dio un codazo. Lo cierto es que seguía sin poder quitarme de la cabeza el accidente y lo duro que había sido Joe conmigo.

-Sam te está mirando.
-¿Eh?
-El chico que está tres filas más atrás. El que tiene el pelo negro y los ojos verdes.
-Ah...
-Guapo, ¿verdad?


Sí, lo era. Pero desde mi punto de vista, su egocentrismo era más poderoso.

Seguimos comentando más impresiones cuando nos tocó abandonar el edificio. Y entonces, choqué contra alguien a la salida.


-Lo siento, no te he visto- dijo una voz grave. Noté que me cogía de la mano, suave pero firmemente, para levantar el peso de todo mi cuerpo. Mientras hacía un esfuerzo por memorizar dónde había oído anteriormente esa voz tan familiar, él se adelantó y dijo, preocupado:


-Tú...
-Oh, no- comprendí, tarde.
-Es el profesor Joe Anderson- me informó Emily entre cuchicheos.

Continuará...

1 comentario:

  1. Wow, pues déjame decirte que me encanta como va tu historia. Sabes escribir muy bien, te felicito. Síguela, está interesante.
    PD: Me encanta Linkin Park xd.
    Saludos.

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