viernes, 17 de agosto de 2012

Capítulo 6.

-Ya nos conocíamos- replicó Joe

Bajé la cabeza, avergonzada. El hecho de que hubiéramos tratado fuera de aquellos muros podía suponer un problema para el departamento de decanos. Sin embargo, a Joe no parecía importarle. No dejaba de mirarme con curiosidad.

-Bueno, tengo que hacer la comida, así que... te recojo mañana, Nuka.
-Mañana es sábado, Emily- puntualicé. Al parecer, no era la única que deseaba huir de la escena
-Ah, sí. Bueno pues... ya quedaremos. Adiós.

-Adiós.

Nos quedamos distraídos, viendo como Emily se difundía entre las sombras.

-¿Qué haces aquí?- fruncí el ceño.
-Trabajo aquí- dijo con algo de prepotencia.
-Pero yo no quiero que lo hagas- apreté la mandíbula- estuviste a punto de matarme y luego perdiste los modales conmigo.
-De acuerdo, no he hecho
más que torcerlo. Pero podría arreglarse- dijo con una mirada intensa- ¿Te apetece tomar algo esta noche?
-Soy tu alumna- respondí seca. No obstante, se me puso la piel de gallina, sin saber exactamente por qué.
-Sólo lo eres los miércoles y viernes.
-Con que vas de listo. Muy bien, recógeme en tu máquina de matar.

-¿Dónde vives?- frunció el ceño, ignorando mi sarcasmo.

-Eso tendrás que adivinarlo- y me giré, sin darle un apretón de manos.

Aquella tarde me desplacé hacia Brooklyn, pasando por el puente, para disfrutar de los dotes artísticos de mi réflex. Desde dicha lejanía, se permitía divisar tantas vistas de rascacielos de Manhattan como quisiera, y quería captar cada meticuloso detalle. Sentí que mi cuerpo emanaba libertad, y eso me hacía sentir fuerte.


Cuando las agujas me recordaron mi compromiso, retrocedí. Afortunadamente, tenía que limitarme a esperar en el portal, pues ya iba arreglada. Me miré en un espejo largo del pasillo, cerca de los buzones. Una camiseta gris de Led Zeppelin y unos vaqueros cortos me representaban de manera sencilla. No tuve que desesperarme necesariamente, pues Joe apareció pronto, abriéndome el asiento de copiloto y aparcando en segunda fila. Le estudié. Era la segunda vez que presenciaba su estilo informal, restando su etiqueta exigida en la facultad. Llevaba unos pitillos ajustados y una camiseta blanca rasgada por ambos lados, probablemente se la habría diseñado él mismo. Con todo, un cigarrillo encendido de Malboro descansaba apaciblemente en sus labios. Y de vez en cuando, inhalaba y soltaba el aire con suavidad en pequeñas bocanadas. Me mordí el labio con disimulo.

-Adentrate conmigo- me invitó.

Continuará...

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